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Cómo elegir un ERP para una empresa

Comparar listas de módulos casi nunca decide bien. Estos son los criterios que sí diferencian a un proveedor de otro.

Casi todos los comparativos de ERP terminan igual: una tabla con funciones y palomitas donde todos los proveedores tienen casi todo. Esa tabla rara vez ayuda a decidir, porque el problema no suele estar en si el sistema "tiene" inventarios, sino en cómo se comporta cuando tu forma de manejar el inventario no coincide con la que el sistema asume.

Los criterios que siguen están ordenados por cuánto suelen pesar en el resultado final del proyecto.

1. Qué pasa con los procesos que no encajan

Es la pregunta más reveladora que puedes hacer. Toda empresa tiene dos o tres procesos que no son estándar, y ahí es donde se decide si el proyecto se adopta o se abandona.

Las respuestas posibles son tres: se configura dentro de lo que el sistema permite, se desarrolla a la medida, o se pide que la empresa cambie su proceso. Ninguna es inaceptable por sí sola; lo importante es saber cuál te van a dar antes de firmar, no después.

2. Integración con lo que ya tienes

Ninguna empresa parte de cero. Hay un sistema contable, una herramienta de facturación, quizá una tienda en línea o un punto de venta que funciona bien y que nadie quiere tocar.

Pregunta con qué categorías de sistemas se integra el proveedor, y sobre todo qué ocurre cuando no existe un conector para la herramienta específica que usas. La diferencia entre "no se puede" y "se desarrolla" cambia por completo el alcance del proyecto.

3. Qué pasa dentro de dos años

Los procesos cambian. Se abre una sucursal, se lanza una línea nueva, se modifica la forma de autorizar. La pregunta es si esos cambios se absorben como un ajuste o exigen volver a implementar.

Un buen indicador es cómo se plantea el proveedor la etapa posterior a la puesta en marcha. Si el proyecto termina el día del arranque, los cambios futuros serán proyectos nuevos.

Criterios que conviene evaluar

Úsalos como guion de entrevista con cada proveedor que estés considerando.

  • Ajuste a procesos: qué se configura, qué se desarrolla y qué no se puede.
  • Integraciones: con qué se conecta y qué pasa cuando no hay conector.
  • Migración: quién la hace, cómo se valida y qué información entra primero.
  • Adopción: cómo se capacita y qué acompañamiento hay después del arranque.
  • Escalabilidad: cómo se absorben nuevos procesos, áreas o ubicaciones.
  • Datos: si la información queda en una sola fuente consultable.
  • Automatización: qué pasos dejan de hacerse a mano desde el inicio.
  • Salida: qué ocurre con tu información si algún día cambias de plataforma.

Un criterio que casi nadie evalúa: quién va a usarlo

La mayoría de las implementaciones que fracasan no fracasan por tecnología. Fracasan porque el equipo encuentra el sistema más lento que su forma anterior de trabajar y vuelve a la hoja de cálculo en cuanto hay presión.

Por eso conviene involucrar en la evaluación a quien va a capturar todos los días, no solo a dirección y a sistemas. Si el proceso diseñado les añade pasos en lugar de quitárselos, la adopción va a costar.

Preguntas frecuentes

Depende de cuán estándar sea la operación. Si los procesos son convencionales, un paquete cerrado puede ser suficiente y más rápido de arrancar. Si la forma de operar es particular o hay sistemas heredados que deben seguir funcionando, conviene una plataforma personalizable.

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